Cuando el jefe de la editorial comunicó mi prejubilación, me soñé leyendo en una mecedora a la sombra de un roble.
―Has sido un gran lector. De no ser por la crisis, te mantendríamos en tu puesto ―dijo dándome
una palmada en el hombro.
―Ahora es cuando empezaré a leer de verdad ―le respondí.
(Publicado en Estampados, cuentos de la crisis, de editorial Atónitos)
MICRORRELATOS DE EUGENIA CARRIÓN
Estampados, cuentos de la crisis
EULATOS
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